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Quiero daros las gracias a todos los que habéis hecho que este blog tenga más de ¡¡cinco años!! Desde entonces hemos trabajado juntos, hemos compartido experiencias, nos hemos descubierto los unos a los otros y…, sobre todo, ¡nos lo hemos pasado genial!

Así que ahora nos hemos animado a presentarlo a la convocatoria de premios Espiral Edublog 2013, uno de los premios más prestigiosos de blogs educativos, que sacan a la luz el esfuerzo de muchas personas por avanzar en este camino fantástico de la educación.

¡Tres, dos, uno…! ¡Hemos lanzado nuestra candidatura!

conlaspalabras_cabecerablog

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edublog

¡Os animamos a seguirnos!

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(Continuación de la entrada anterior)

Aquí van los otros 7 paneles:

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¿Te has sorprendido la decoración de la biblioteca y del instituto?
Y… ¿serás capaz de adivinar el instrumento?
Atrévete con el reto que te planteamos desde la biblioteca. Solo tienes que encontrar la respuesta de cada uno de los paneles.
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BASES:
  • Las preguntas están relacionadas con una obra, ya sea película, libro o poema, tal y como se indica en el encabezamiento del panel.
  • Debes rellenar la hoja de respuestas que te entregarán en la biblioteca.
  • El próximo mes publicaremos un segundo lote de 14 paneles, y a finales de febrero un tercero.
  • Entrega las tres hojas de respuestas en la biblioteca, del 11 al 24 de marzo.
  • Entre los alumnos que acierten todas las respuestas se sortearán tres premios. 

Aquí van los 7 primeros paneles (son 14):

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Os dejo este fragmento de Los Pazos de Ulloa:

El cazador que venía delante representaba veintiocho o treinta años: alto y bien barbado, tenía el pescuezo y rostro quemados del sol, pero por venir despechugado y sombrero en mano, se advertía la blancura de la piel no expuesta a la intemperie, en la frente y en la tabla de pecho, cuyos diámetros indicaban complexión robusta, supuesto que confirmaba la isleta de vello rizoso que dividía ambas tetillas. Protegían sus piernas recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos cañones. El segundo cazador parecía hombre de edad madura y condición baja, criado o colono: ni hebillas en las polainas, ni más morral que un saco de grosera estopa; el pelo cortado al rape, la escopeta de pistón, viejísima y atada con cuerdas; y en el rostro, afeitado y enjuto y de enérgicas facciones rectilíneas, una expresión de encubierta sagacidad, de astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo. Por lo que hace al tercer cazador, sorprendiose el jinete al notar que era un sacerdote. ¿En qué se le conocía? No ciertamente en la tonsura, borrada por una selva de pelo gris y cerdoso, ni tampoco en la rasuración, pues los duros cañones de su azulada barba contarían un mes de antigüedad; menos aún en el alzacuello, que no traía, ni en la ropa, que era semejante a la de sus compañeros de caza, con el aditamento de unas botas de montar, de charol de vaca muy descascaradas y cortadas por las arrugas. Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo. No cabía duda: era un sacerdote.

Y AQUÍ EL COMENTARIO COMPLETO

Son tiempos duros, pero ojalá no tanto como nosotros.

Creemos que hay miedo, creemos tener miedo. Lo que tememos ciertamente es que algún día, nos asuste el no tenerlo.

Nos han automatizado. No somos más: autómatas que sentimos lo que ordenan que sintamos. Por un lado o por otro, nos han acabado informatizando. Tan rápido puedes amar, como asimilar la derrota por haber amado, y volver a prendarte minutos después.

Todo transcurre vertiginosamente. Ya ni apreciamos.

Ya no sólo dejamos caer las notas superfluas bajo la mesa, sino que las olvidamos, despreciamos, y pasamos a otra copla.

No nos detenemos a detallar, pues ya no importa nada la esencia de nada; nos basamos en cantidades, en números, en datos carentes de sentido para que finalmente lleguemos a una meta vacía, con fondo poco profundo, sin vida, falta de verosimilitud.

Somos ciegos en un mundo que nosotros mismo hemos degradado.

Aislados, sólo nos queda naufragar, desertar y emprender íntegramente todo de nuevo. Pero nos han inculcado pánico irracional.

Han inventado leyes impopulares, y encogemos los hombros si existe la oportunidad de sublevación. Nos han convertido en lo que ellos, la clases privilegiadas, querían. Ignorantes, por desconocer el mal ético.

No se trata de libertad, sino de dinero. No es ser aparatoso si digo que no creo que seamos libres: tratemos de ir a un lugar sin dinero, y seguidamente  intentemos aclarar dónde está la libertad.

Esta vez, los malos han tomado las riendas del asunto, y no reparamos en divisar un oasis que nos refugie debido a nuestra natural cabezonería.

Supondría nuestro entumecimiento a una evasión cínica, pero si alguien obra indignamente, y por larga estancia, el problema cambia de manos y los aposentos del villano pasan a ser nuestras propias vidas. Las riendas somos nosotros, ahí expuesto, podemos observar cómo hemos ido auto-flagelando nuestra poca honra, y la hemos hecho desaparecer, siempre hablando sobre este campo.

No podemos permitir que se deteriore, tenemos que apoyarla.

“Asirnos a la sonrisa” (palíndromo)

Globe Story es una historia de amor.

Globe Story es una histeria de humor.

Un flechazo amoroso une para siempre las vidas de Greta y Max. Tendrán un hermoso bebé, vivirán su luna de miel en un crucero, perseguirán a un amante, bailarán una tormenta y se reirán de la enfermedad en un disparatado hospital. Vivirán apasionadamente sus cómicas aventuras, hasta acabar, literalmente, con el corazón en la mano.

La puesta en escena: sin palabras, suena un piano.

Globe Story se vale de la comicidad y el ritmo trepidante del cine mudo para contar una historia de amor. Ambientado en un espacio cinematográfico, aparecen, como salidos de un revelado antiguo, un hombre y una mujer, que se valen de dos escaleras, un baúl y un montón de globos para inventar columpios, tormentas, montañas, bebés, barcas, playas o corazones.

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Nuestro homenaje al trabajo de esta pareja (La canica roja) que, realmente, merece la pena.

Para todos los públicos… sobre todo para los que se han olvidado de sonreír.

Sobre todo, ¡opina!

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