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Portada entre números primos (flickr)

Al principio, como os dije, me costó entrar en la lectura. De hecho leí los dos primeros capítulos y me empujó a seguir leyendo que era el libro del club de lectura y vuestras voces diciendo que continuara. Pensé que cada capítulo era una historia independiente (justo había leído uno de  cada uno de los dos personajes), algó así como relatos separados, y con un tema desolador, triste, desagradable.

Seguí leyendo y las historias se mezclaron. De dos “atacadas” más se ha terminado el libro. Sorprendida he ido pasando de página en página, a través de un argumento que no se me hacía familiar.

¿Es una novela de soledad? Sí, si lo pienso sí, pero por encima está el mundo interior revuelto, personas atrapadas en su propio cuerpo que ni se mueve ni responde a los estímulos que dicta la  mente. En mí producen agobio, por encima de la soledad con que todo el mundo reconoce al libro.

Lectura rápida, prosa sencilla… pero fascinante cuando al terminar recabo en los 26 años del autor. Esto sí que me ha parecido fascinante.

Expositor animación a la lectura (flickr)

Vamos a hacer un repaso por el contexto cultural en el que vivió Lorca a través de este vídeo. Es un buen trabajo, donde se han conjugado muy bien datos, imágenes y poesía.

Esta es la letra del poema que se canta (lo hemos explicado en clase pero si tenéis alguna duda preguntadla):

LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Hola!!!!!!!bufff hacia tiempos que no visitaba esto(me debería dar vergüenza jeje), bueno pues leyendo un poema me he acordado de las fantásticas clases de literatura de este curso y de todos mis compañeros y compañeras asi que os lo dedico a vosotros!!!!!

 

Al pie desde su niño

El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.

Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.

Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.

Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.

Pero este ciego anduvo
sin tregua, sin parar
hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.

Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.

(escucha el poema recitado por alumnos del instituto en otra entrada del blog)

Siguiendo a Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia entendemos el Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández como un diario íntimo fruto de tres desgarradoras ausencias: la del hijo muerto, la de los seres queridos lejanos por la guerra y la del mundo, provocada por su estancia en la cárcel.

Miguel HernándezEl poema que comentamos pertenecería al segundo grupo ya que en él Hernández expresa la inmensa tristeza que le envuelve a causa de los horrores de aquella trágica y a la vez incomprensible contienda fratricida.

Sin ánimo de frivolizar el dolor de los contendientes, juega a establecer un cierto paralelismo entre la cruda realidad que sobrecoge a su país y lo que él considera que son motivos suficientes para emprender una campaña “belicosa”. Desde el primer verso –Tristes guerras– hasta el último –Tristes. Tristes.– el poema está recorrido por una patética paradoja: ¿acaso no son tristes todas las guerras?

Y a pesar de su dolor y su profunda angustia trata de ofrecernos una alternativa al odio que se desparrama por toda nuestra geografía: sólo merece la pena luchar si es el amor lo que nos mueve; sólo debemos empuñar las armas de las palabras, el diálogo, el deseo de llegar a un acuerdo consensuado que no provoque muertos; y si por todos los muertos de la guerra debemos llorar porque merecen nuestra compasión, más aún por aquellos que han caído movidos por el odio: Tristes hombres / si no mueren de amores.

El propio poeta sintió la obligación de acudir al frente para luchar por los oprimidos, por las clases desfavorecidas que corrían el riesgo de ser aplastadas por los militares sublevados que sólo representaban a los patronos déspotas e insolidarios. Sus ideales comunistas, cercanos a los proletarios, le hicieron empuñar las armas, pero el paso del tiempo, la conclusión de la guerra, su encarcelamiento en diversos establecimientos penitenciarios y la contemplación de la destrucción y el dolor causados por la contienda le hicieron reflexionar sobre el sinsentido de toda manifestación de violencia. En ningún momento renunció a sus ideales solidarios y reivindicativos, pero las largas jornadas de soledad en la prisión le hicieron comprender que el único sentimiento posible en aquellos momentos era la tristeza: las guerras son tristes y hacen a los hombres “tristes, tristes“.

La repetición –hasta siete veces en tan solo nueve versos– de esta palabra –tristes– por toda la composición dotan a esta canción asonante de un sombrío tremendismo que provoca en el lector un estremecimiento pocas veces conseguido por otro poeta a lo largo de toda nuestra tradición literaria.

Por su interés al tratar el tema filosófico propongo este fragmento de El árbol de la ciencia de Pío Baroja para hacer un comentario:

“…¿Conoces el Leviatán de Hobbes? Yo te lo prestaré si quieres.

-No; ¿para qué? Después de leer a Kant y a Schopenhauer, esos filósofos pesados franceses e ingleses dan la impresión de carros pesados que marchan chirriando y levantando polvo.

-Sí, quizá sean menos ágiles en pensamiento que los alemanes, pero, en cambio, no te alejan de la vida.

-¿Y qué? Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz a donde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da?…”

Corazón FlickrEl tema amoroso reaparecerá con fuerza en este período. Esta poesía amorosa se va a centrar en la expresión de los sentimientos más íntimos y en el relato de momentos de alto contenido erótico.

Lo vemos en un poema de J.M. CABALLERO BONALD, Descrédito del héroe.

Unas palabras son inútiles y otras

Acabarán por serlo mientras

Elijo para amarte más metódicamente

Aquellas zonas de tu cuerpo aisladas

Por algún obstinado depósito

De abulia, los recodos

Quizá donde mejor se expande

Ese rastro de tedio

Que circula de pronto

Por tu vientre,

Y allí pongo mi boca y hasta

La intempestiva cama acuden

Las sombras venideras, se interponen

Entre nosotros, dejan

Un barrunto de fiebre y como un vaho

De exudación de sueño

Y otras cavernas vespertinas,

Y ya en lo ambiguo de la noche escucho

La predicción de la memoria:

Dentro de ti me aferro

Igual que recordándote, subsisto

Como la espuma al borde de la espuma

Mientras se activa entre los cuerpos

La carcoma voraz de estar a solas.

La preocupación social cayó en cierto descrédito tras la década de los cincuenta, sin embargo, algunos autores de los 60 seguirán analizando la problemática social y política, aunque observada desde un punto de vista muy personal. Esta postura es la que encontramos en el poema de Jaime Gil de Biedma:

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

El carácter social de la poesía de Jaime Gil de Biedma obedece a un impulso moral que se basa en la necesidad de reafirmar su identidad individual dentro de un panorama histórico corrompido. De ese modo, la ausencia de un tono panfletario en su obra hace que los pocos poemas políticos producidos se sitúen entre los mejores del género.

Sobre todo, ¡opina!

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