Hoy es 5 de enero, la víspera de reyes, un día especial en todas las casas, esta noche, posiblemente la más mágica del año, los hogares de toda España se llenarán de ilusión, de felicidad, de alegría, de impaciencia, se llenarán de Navidad. Los niños de todo el mundo saldrán a ver la cabalgata con sus padres, a ver llegar a Melchor, Gaspar y Baltasar, a coger caramelos, a saludar a los pajes, a ser niños en el día más bonito del año, no obstante, éste no es un día únicamente para los más pequeños, los padres disfrutarán con las caras de sus hijos, y el resto de gente recordará esa niñez en la cual ellos también fueron inocentes, en la cual también se emocionaron, ese tiempo en el que ellos también fueron niños.

En mi escrito, sin embargo, no quiero valorar el calor de la Navidad ni su ambiente de felicidad, lo recuerdo porque me parece importante en un día como este exaltar que las luces, los belenes, los regalos, el frío, son parte de estas fiestas, unas tradiciones y costumbres que no deberíamos perder, porque precisamente en estos tiempo de decadencia por el dinero, único motivo de celebración para muchos, las Navidades son ese pequeño lucero en el horizonte, esa pequeña luz de esperanza que hace pensar en que esto no se acabará.

Precisamente, en mi caso, me es imposible pensar en la Navidad sin el invierno, sin el humo saliendo de las chimeneas, sin los gorros, los guantes, las bufandas, sin narices rojas, en definitiva, sin el frío.

Esta mañana, he salido, a dar una vuelta, a respirar, a airearme, mi sensación y supongo que la de todos es la de que estamos en primavera, un sol radiante, cálido y nada típico de enero, la temperatura, elevada, rozando los quince grados centígrados, doblando la habitual de la década pasada, tan solo alguna ráfaga fría que refresca en la memoria que sí, que hoy, es 5 de enero, como he dicho, víspera de reyes.

Espero que se aprecie cual es la intención de mi texto, su tema, un tópico ya, y no por eso menos cierto y por desgracia sí cada vez más indiferente a los ojos del mundo, el planeta esta cambiando, paralelamente al incremento del egoísmo en la sociedad, al triunfo del confort y el derroche, el clima de La Tierra permuta, las temperaturas aumentan, los polos se deshielan, y los lagos se secan, ¿nada nuevo verdad? nada que no desconozcan ya, tanto ustedes como yo.

Por el contrario, parece que el conocer esta cruda realidad no es suficiente para hacernos actukiotoar, los países avanzados, aquellos que se hacen llamar del primer mundo, no cumplen Kyoto, siguen agotando las reservas mundiales, siguen contaminando, siguen destruyendo el mundo, y todo por dinero, el único y verdadero amo del mundo. Parecen encaprichados en desafiar al planeta, en tirarle un órdago y esperar que La Tierra y todas las previsiones no sean más que un farol, y así poder ganar la partida, poder seguir enriqueciéndose y dejar así claro que el mundo, no se acaba, que los polos no se funden, que el agua no se agota, demostrando, una vez más, que ellos pueden controlar el mundo, que pueden seguir vertiendo petróleo y jugar a experimentar con las centrales nucleares, que ellos, los altos dirigentes del mundo, los  que pueden hacer que esto de verdad cambie, ellos pueden seguir ganando toneladas de dinero y que el mundo, por el contrario, puede seguir perdiendo y su misión no es otra que la de aguantar todo lo que le echen. Si Dios creo el mundo o si La Tierra se creo tras el Bing Bang, la labor de los hombres, el objetivo de la humanidad, parece que no es otro que poner a prueba al medio ambiente, si nosotros nos modernizamos, que el también cambie para seguirnos el ritmo, nuestra misión en otras palabras es acabar con nuestro hogar, acabar con los animales, con las plantas, con los paisajes, acabar con nosotros mismos, nos estamos matando a nosotros mismos y no se toman medidas, claro está, ¿para qué? Si el bolsillo de los de arriba no se resiente, si su ritmo de vida sigue siendo el mismo, ¿para qué preocuparnos? El planeta ha aguantado miles de años  y en los últimos 50 ha envejecido lo correspondiente al doble de su vida, ¿qué estamos haciendo? Que tiene realmente que ocurrir para que frenemos este Apocalipsis al que estamos abocados, señores, sin duda, la solución está clara, seguir así, al menos los de arriba no lo dudan, ese no es su problema, y parece que el futuro del mundo tampoco, sigamos jugando con fuego y quizá un día nos quememos.

Resulta meridiano concluir que el mundo que estamos construyendo, sustituyendo bosques por urbanizaciones, sustituyendo el azul del cielo por el negro del humo, un día no va a aguantar, va a “reventar” y con todos nosotros dentro, llegará el día en que ya no haya Navidades, en que los reyes no vengan más, y ese día en el que los hijos de nuestros hijos ya no puedan gozar de la ilusión que todos hemos vivido. Observaremos lo egoístas que hemos sido, lo banales y vanidosos que nos hemos vuelto, llegará el día en que ya no haya un 5 de enero como este, y en el que ya será demasiado tarde, porque todo esto no está lejos, en 100 años el diagnóstico del mundo puede ser crítico, puede tener que necesitar cuidados intensivos, y entonces nos veremos obligados a volver a la Edad Media, tal vez, a la Prehistoria, a no tener en nuestra mano el futuro de La Tierra, el día en que la humanidad desaparezca no está lejos.

Resulta paradójico pensar en la gravedad del asunto y la facilidad con la que se va a olvidar, mismamente hoy es día de recibir al helicóptero de los reyes y de esperar los regalos, de desear que nuestras cartas hayan sido bien leídas, mañana, de abrir los paquetes y comer el roscón, no renunciemos a esto, no renunciemos a nada que nos haga feliz, pero sí que deberíamos reflexionar acerca del futuro de nuestro planeta, en sí realmente se está echando un farol, en sí realmente no debemos cambiar, nosotros con pequeños gestos y esperando que los que tienen la batuta del mundo decidan que sus nietos vivan la Navidad y reciban a sus majestades, debemos desear que los de arriba decidan ganar vida y no dinero, tristemente, debemos desear una utopía, debemos desear lo imposible.

Queridos reyes magos, tan sólo deseo que le regaléis al mundo una cosa, un único presente, conciencia, conciencia para saber lo que se nos viene encima si no acabamos con este culto al derroche, conciencia para únicamente querer vivir muchas más Navidades, conciencia de vida.

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