Sr. Director:

Le escribo hoy día 14 de noviembre de 2012, día en el que está sucediendo la huelga general convocada para hoy, para darle la sencilla opinión de un niño de quince años.

Hoy no he podido ir a clase. Yo no iba a secundar huelga, pero el autobús que hay programado para llevarnos a los niños de mi barrio, El Cortijo, al instituto y al colegio, y del que “los de arriba” están esperando cualquier irregularidad para cargárselo, no ha venido porque no entraba en los servicios mínimos.

Hoy he sido un número. Al llegar a clase, la directora habrá dicho: “once, el resto faltan”. Hoy he sido “el resto”. Que bien.

Fíjese lo que les importamos a “los de arriba”. Fíjese lo que han hecho para cambiar el “once” por el “doce”. Nada. Ellos están muy cómodos en sus sillones de cuero y acolchado, con su calefacción pagada por impuestos cada vez más duros, con sus sueldos pagados con los sueldos de otros… Ya lo dijo Aegon El Conquistador: “Un rey nunca debe sentirse cómodo en el trono”. Yo estoy de acuerdo.

Pero ellos no son reyes, son personas vestidas con trajes, cuyos bolsillos están llenos de dinero, que leen papeles los cuales quien sabe quien los habrá escrito y que mienten sin ningún miedo a que les crezca la nariz (recuerde: “no mas IVA”). Y están muy cómodos…

Y después de la huelga, Rajoy volverá a echarse unas risas con Merkel en algún pleno europeo, y Hollande y Obama tratarán de mover algunos hilos. Y luego vendrán otros, con los mismos trajes y el mismo dinero, y decepcionarán igual. Y habrá huelgas que simplemente estorbarán y se irán, como la de hoy. Y yo seguiré aquí sentado, en mi silla preciosa e incómoda. ¿Cambiarán alguna vez las cosas? Quien sabe. Yo no iba a secundar las huelgas generales. Puede que a partir de ahora lo haga.