Aquí va el segundo texto que podéis comentar. (En la entrada anterior está el primero)

VIDAS GUERRERAS, Antonio Muñoz Molina

Uno de los secretos mejor guardados de la historia humana es la escala auténtica del horror de la guerra. Desde los bajorrelieves egipcios de batallas y los versos de la Ilíada hasta la última película belicista de Hollywood, la guerra está asociada con el heroísmo, con el coraje personal, con la belleza de las cabalgatas y los desfiles. Se muestra a veces un poco de sangre, pero sólo lo justo para acentuar el mérito de los que combaten y la gloria de sus hazañas. Hay una parte de cínica mentira en todo este despliegue de estandartes, uniformes y jinetes, pero también está el hecho de que la literatura, el arte en general, tiene una capacidad muy limitada de ofrecer imitaciones o simulaciones que se aproximen ni siquiera de lejos a la verdad espantosa de lo que ocurre en un campo de batalla. […]

Las fotografías, las imágenes documentales, y los testimonios escritos, aun los más alucinados y sinceros, cuentan pero difícilmente muestran. En la tierra de nadie entre dos líneas de trincheras los heridos agonizaban días enteros con las piernas cortadas por una explosicón o con el vientre abierto por la metralla y sus gritos no cesaban ni durante la noche; los cadáveres ensartados en el alambre espinoso se descomponían lentamente, a unos pasos de los vivos, que acababan haciendo chistes sobre ellos o disparándoles para espantar a las alimañas o por el simple gusto de hacer puntería.

En las estatuas de bronce no se ven soldados con la cara deshecha por una bala ni despojos comidos de gusanos. En las estatuas, y en las películas, cuando llega la muerte lo hace con una grandiosidad de aria de ópera o con la severa lentitud ejemplar de una marcha fúnebre.

(Fuente: XL Semanal, nº806.enlace)