Tú eras el viento y yo la blanca

nube que desafía tu poder:

¡Tenías que pararte o arrastrarme…!

¡No pudo ser!

.

Tú eras el mármol y yo el frío

suelo que sujeta y rompe:

¡Tenías que estrellarte o que surcarme!

¡No pudo ser!

.

Risueña tú, yo soberbio: acostumbrados

uno a atacar, el otro a oponer:

estrecho el camino, inevitable el choque…

¡No pudo ser!