Según la Rima XXIV de Bécquer:

.

Sobre la falda sostenía

el libro negro;

en mi mejilla rozaba

su cabello espeso.

No veíamos las hojas

ninguno, pienso;

y aguardábamos juntos

común pensamiento.

.

¿Cuánto duró? Ni en ese momento

pude entenderlo.

Sólo sé que se escuchaba

un hondo silencio

que apresurado escapaba

del labio fresco.

Sólo sé que nos sentíamos

los dos en un cielo

y nuestros ojos se encontraron

y sonó un beso.