“Eran más de las dos. Toda la ciudad estaba en calma. No se escuchaba ningún ruido excepto el cgatoontinuo retumbar de la música bakalao de los after-hours y alguna efímera sirena de ambulancia. L a ciudad dormía y sus habitantes se preparaban para un nuevo día en la monotonía habitual d e la urbe. Un gato silencioso se deslizaba ágilmente entre tejado y tejado, buscando a su próxima presa. Sus patas almohadilladas apenas producían ruido al aterrizar de un salto en las azoteas. Corría a una velocidad vertiginosa y apenas se podía vislumbrar su estela en medio de la noch e . Ya estaba cerca de su objetivo. De un brinco casi imposible, se encaramó a uno de los edificios más altos de la manzana. Sí, ahí estaba. Era prácticamen te la única luz que estaba encendida en el bloque de pisos. Ni siquiera la persiana estaba echada. Allí, fmanosordenadorrente a una lamparilla barata y dejándose la vista en un ordenador, estaba ella. En corvada y ojerosa, tecleaba con frenesí en el teclado de la máquina. El gato se sentó a observarla. Un ligero parpadeo, y el gato se había esfumado. En su lugar se encontraba una figura enc apuchada. Su oscura silueta se recortaba contra la luz de la luna y el viento agitaba su capa . Esbozó una sonrisa siniestra y sus dientes resplandecieron en medio de las tinieblas.

– Tú. – sentenció con un murmullo que sin embargo parecía expandirse con el viento – Eres la siguiente.”

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¡UN RELATO CARGADO DE SUSPENSE!

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Paloma Abaurrea Marteles

4ºESO

fotos: flickr