La fila de camiones y todoterrenos parecía no tener fin. A pesar de que contaba únicamente con tres camiones y cinco todoterrenos, la comitiva dejaba tras de sí una gran barrera de polvo que hacía imposible ver lo que había tras la caravana. Llevaban más de dos días de viaje por las inhóspitas y yerm as tierrtodoterrenosflickras de aquel desierto interminable: el Sáhara.

Habían partido de M aradi, en Níger, a las seis de la mañana del 22 de junio y ya estaban próximos a su destino: una pequeña población que se había instalado sobre un acuífero que daba de beber a las reses con las que com erciaban en los mercados cercanos. Ese pueblo servía de parada para los cansados viajeros que necesitaban un descanso y reponer energías del duro viaje que ofrecía el Sáhara.

El calor se iba haciendo insoportable, estaban agotados, veían cómo poco a poco se iban acercando a los montes en los que encontrarían descanso. Mientras tanto el paisaje se repetía una y otra vez sin el más mínimo cambio, imperturbable al paso de la caravana. El aburrido viaje y el enorme laexpedicionc alor iba haciendo acopio en los arqueólogos que sabían que una vez llegaran comenzarían las excavaciones y eso caldeaba los ánimos de los más jóvenes e inexpertos que encontraban aquí su primera expedición. Pese a todo, y pese al enorme trabajo que les esperaba, estaban ansiosos de comenzar el trabajo pues la doctora Melly, encargada de la expedición, creía estar ante un hallazgo totalmente nu evo, el descubrimiento de una nueva especie extinta hace miles de años, en el Paleolítico. De momento era algo secreto y habían conseguido el dinero gracias a una empresa que les había hecho guardar silencio con la nueva noticia, por lo que la versión oficial era una expedición relacionada con el estudio de las aguas.

¡Sigue leyendo! (pincha aquí)

Intriga, aventura, acción…

.

Por Eduardo Beltrán Sáenz (4ºESO)

Fotos: flickr