Tuve el placer y privilegio de poder asistir al teatro Bretón de los Herreros con la finalidad de participar como espectadora en la obra teatral La cena, de Jean Claude Brisville, cuyo actor principales Carmelo Gómez, premiado con un prestigioso Goya.

La obra pese a su monotonía era magnífica. Quizá esa monotonía la hacía más impresionante, debido a que la obra se desarrollaba en un solo decorado (el cual estaba muy logrado).

La pieza constaba de cuatro actores: dos principales; Josep María Flotants también director de la obra, el cual representaba a Charles Maurice de Talleyrand, príncipe de Benevento y Carmelo Gómez, que representaba a Joseph Fouché, duque de Otranto. Por último dos secundarios Bruno Ciordia y Daniel Muriel ambos sirvientes del príncipe.

La cenaLa obra trata de una hipotética cena entre los dos actores principales, en la cual se discute quién debe ostentar el poder de Francia después de la ejecución de Luis XVI quien debe gobernar: el pueblo o la monarquía. Las posturas de estos están más bien enfrentadas y a lo largo de la obra hay varias disputas poco civilizadas. El príncipe de Benevento defiende a capa y espada el derecho divino de la monarquía mientras que Fouché se inclina por la república.

La obra pese a ser pausada tenía puntos de humor muy sutiles que nos hacían seguir la obra con ímpetu. La conversación entre los personajes en algún momento tiende a confundirnos más que nada por la historia que contiene sus vocablos lo cual no tendía a aligerar la situación. Con esto quiero decir que la obra es bastante culta.

La puesta en escena tanto de los actores principales como de los secundarios fue sencillamente extraordinaria, pues se ceñían correctamente a su papel como nobles o sirvientes, todo esto teniendo en cuenta la dificultad de sus papeles por la arrogancia y picardía de los personajes en cuestión, al igual que la gran extensión de diálogos y monólogos. Desde luego esta pareja de actores se complementan a la perfección lo que habrá asegurado su permanencia en todos los teatros de España. Sólo sus puestas en encena hacen grandiosa la obra.

Para terminar, esta pieza ya por la puesta en escena de los personajes como por la complejidad de esta o por el mero hecho de ser increíble hace que el espectáculo sea inimitable y sorprenderte o por lo menos eso pareció aquel día que lo estuve viendo debido a la gran acogida del público y por los aplausos que ponían los pelos de punta . La magestuosidad de la obra era tan grande que no necesitaba grandes decorados o vestuario, sin embargo los tenía.

Espero que esta magnífica obra haya servido de trampolín para un gran número de personas y así descubrir el maravilloso mundo del teatro.

A J.M. Berdonces, pues gracias a él muchos hemos descubierto cosas que nos harán sentirnos útiles en un futuro.

Saray Tomás Rodrigo

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